Los pelotudos de plástico

...y las pelotudas también.
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Eran tan bonitos...los toys, legos, las muñecas mónicas y pamelas (entre cientos más). Este post no es vintage ni nostálgico, sino que está dedicado a los/as pelotudos/as de plástico que en el poco tiempo que tiene este blog ya tuve el disgusto de encontrar. Es que pululan por todas partes...por qué no también en la blogósfera? (sobre todo acá).

¿Quién no tuvo en su infancia un muñec@ de plástico? Aún conservo mis muñecas mónica y pamela...que sobrevivieron a los embates de mis dos hijas mayores y desde hace años aguardan pacientemente llegar a las manitos de la última generación de salvajes manipuleos, sobre todo de 'peluquería'.

El punto es que todavía hay gente que se quedó en la generación del plástico de aquell@s muñec@s. Gente grande (y pelotuda) que añora la perfección que tenían; la calidez y suavidad a la hora de dormir; la carita siempre sonriente y bien predispuesta...porque no se enfermaban, no sentían dolor ni preocupación, pero por sobre todo, porque se acomodaban a las posturas que le imponían.

Esos son los pelotudos de hoy: pretenden vivir en la era del plástico recién modelado y calentito, coloreado según la pretensión de los sueños, bien vestido, recatado, pudoroso, asexuado, perfecto e imperecedero, ideal para la protección de sus infancias, la inocencia resguardada y la solidez de épocas pasadas. Y si pudieran, retrocederían hasta el vientre materno añorando esos nueve meses en que sólo se escuchaba el torbellino interno sin luces de maldad.

Son los que se quedaron en la época analógica y no se arriesgan a vivir la época de oro de la electrónica y la digitalización, los que se niegan sistemáticamente a toda innovación tecnológica, que miran con desconfianza a la automatización, los que esperan a que todos los aparatos fallen o bien se estandaricen y si al fin aceptan que los celulares no son una moda porque hasta sus empleadas domésticas lo usan, se compran uno tan barato y pasado de moda que hasta los chicos de diez años lo miran con lástima.

-No necesito otra cosa-, manifiestan sin que nadie les pregunte. Para lo único que lo uso es para llamar y recibir llamadas...eso de los msn conmigo no va...

¿Y cómo reconocer a los pelotud@s de plástic@? Porque tienen las mismas características del plástico: son impermeables, aislantes, baratos y resistentes al ambiente que los rodea. Y en su gran mayoría son densos y del tipo rígido...muy densos y rígidos.

Pero lo peor de todo es cuando ingresan en la blogósfera, cuando todo ya está inventado y pretenden querer cambiar códigos que jamás elaboraron ni interpretaron. Son los que se lanzan valientemente al rescate de la humanidad a escribir post cursis acerca del amor, la crianza, el sexo, el matrimonio y la moral. Que no está mal, porque son temas que en todas las épocas ha preocupado al ser humano, pero a lo que me refiero es que pretenden seguir viviendo en la mitad del siglo veinte con una cultura y una sociedad totalmente diferente.

Son los que pretenden tomar las riendas del carro de la tecnología en la segunda o tercera edad como baluartes necesarios para restaurar el orden cósmico, dejando a su paso el resentimiento senil o hipnotizados por una suerte de ilusión más ligada a los deseos que a la razón, criticando a diestra y siniestra los males de esta época, pero sin ningún viso de comprensión del fenómeno social que les toca vivir y menos aún el deseo de aportar una visión crítica acerca de la sociedad actual en una clara demostración de pérdida del centro de gravedad.

Son los que giran la rosca de las ruedas en sentido contrario y derrapan una y otra vez en el conservadurismo pacato que enarbola la hipocresía, el prejuicio y la intoleracia como únicas proposiciones de verdad absoluta, cayendo en el discuso demagógico de lo que alguna vez fue y ajado por repetir hasta el cansancio que el mal se encuentra en la pérdida de los valores.

Si alguien se los robó que los devuelva por favor. Los necesitamos para ejercer nuestras libertades individuales, para construir una sociedad inclusiva y justa, en definitiva, para hacer sinapsis entre la sociedad que fue y la que nos toca vivir hoy. ¿Alguien realmente cree que los valores se perdieron? Los valores están ahí, al alcance de mentes abiertas y capaces de construir con objetividad el futuro de nuestros hijos y nietos.

Los valores no se perdieron ni se cambiaron. Lo que cambió es la vara con que los medimos, la verdadera dimensión que les otorgamos y en el ránking con que los ubicamos. Eso es lo que cambió y es lo que los pelotud@s de plástico no pueden comprender.

Los valores se ejercen en la acción y en la omisión y todas las sociedades se fueron construyendo a partir de la responsabilidad social de sus miembros. Los pelotud@s escriben acerca de la catástrofe en la que estamos sumidos, pero no dicen nada acerca de qué hicieron ellos o qué dejaron de hacer con el legado que ellos mismos contribuyeron a crear.

Encubren su discurso con un halo de impotencia que más bien se acerca a la prepotencia, al pesimismo existencial y la negación absoluta del mal como forma universal de coexistencia.

Lo peor es que en esta carrera de obstáculos no existen los relevos, porque se quedaron absortos mirando hacia atrás, hacia la época dorada que ellos creen que tuvieron porque están obnubilados con una ilusión óptica de una suerte de caleidoscopio en el que los cristales brillantes son los únicos que observan y que les impide recuperar su memoria emocional para recordar que en sus épocas también sus padres se quejaban de falta de valores y la pérdida del recato y del respeto y donde pretendían imponer la cultura de valores mediante el cachetazo, la nalgada y la divina intervención bíblica.

Richard Rorty dice que la moral no hay que tomarla en serio, porque la persona que toma las cosas en serio, es un peligro público potencial, ya que la seriedad parece reñida con la tolerancia, arrastra al dogmatismo, se inmuniza frente a la crítica y es un potencial intolerante. Parece que para ser tolerante hay que ser superficial, hay que ser frívolo y, entonces, la convivencia es más cómoda. Lamentable error que nos puede llevar a una inferioridad de condiciones frente a los auténticos intolerantes que pueden terminar imponiendo unas doctrinas contrarias a los que otros, llevados del afán de respetar su libertad, no han transmitido. Seminario sobre Sociedad, Valores y Educación.

Esto me hizo recordar una frase que leí por ahí y no recuerdo de quién es: no eres tolerante si no toleras a los intolerantes. Parece un juego de palabras pero no lo es. Definitivamente nunca fui tolerante y hasta mis perras lo saben, pero al menos no me disfrazo de pacata repartiendo discursos cursis y opiniones descontextualizadas para que tres o cuatro seguidores obsecuentes me digan al final del post que están totalmente de acuerdo con frases del tipo "cuánta razón tenés y qué bien lo escribiste".

También están los que descubren el FW del mail y te envían esas cadenas con ppt que tardan un siglo en abrirse para que al final tengas a pantalla completa diez frases copipasteadas de un libro barato de autoayuda acompañadas con imágenes lacrimógenas que intentan reforzar el sentido pésame del texto.

Al final algo de razón tuvo el nunca tan bien defenestrado José Pablo Feinmann cuando dijo: "cualquier pelotudo tiene un blog", lo cual no implica que todos los que tenemos un blog seamos pelotudos. Después de esa afirmación de Feinmann, he llegado a la conclusión que no sólo cualquier pelotudo tiene un blog, sino que además muchos blogueros piensan que los que tienen blogs con temáticas diferentes a la de ellos son también pelotudos, o en su defecto, escriben sólo pelotudeces.

Lo que todavía no saben los pelotud@s de plástico es que paradójicamente una de sus ventajas, la longevidad, los hace altamente tóxicos y contaminantes para el ambiente precisamente porque no son biodegradables.

Afortunadamente la sociedad se dio cuenta y los comenzó a prohibir y solamente aquellos que logren reciclarse podrán sobrevivir.

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